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La luz que nace del territorio: soberanía energética y organización comunitaria en Zona Reina

En el norte de Quiché, comunidades históricamente excluidas decidieron no esperar más por la electricidad. Organizadas y acompañadas por organizaciones solidarias y ecologistas, como el Colectivo MadreSelva, construyeron un modelo energético propio que hoy ilumina hogares, pero que además fortalece la organización comunitaria y plantea otra forma de entender la energía y la relación con el territorio, los bienes naturales y la autonomía.

En la Zona Reina, al norte del municipio de Uspantán, Quiché, con la llegada de la noche, las comunidades quedaban en la oscuridad. Por años, las familias no tuvieron otra opción que recurrir a las velas o a las baterías para poder cocinar, estudiar o reunirse con sus seres queridos durante la noche. 

Por décadas, cuando hay olvido del Estado, esto parecía normal. Esta región reúne a cerca de 85 comunidades, gran parte de la población fue víctima de los 36 años de guerra en el país. La mayoría son familias retornadas que, al volver, se asentaron en este territorio montañoso y de difícil acceso. Y, pese a ser comunidades cercanas a grandes proyectos hidroeléctricos, permanecieron en la oscuridad cerca de 30 años.

Cuando por la soberanía no se espera

Si ni el Estado ni las empresas hacían algo por traernos la luz, por qué no producirla desde nuestras comunidades, comentó don Cirilo, un líder de la comunidad 31 de Mayo.

Hablar de soberanía energética en la Zona Reina va más allá de pensar en electricidad. En esta área del país significa trabajo y organización comunitaria; pasa por reivindicar quién produce la energía, cómo se genera y quiénes se benefician.

En este territorio, este sueño se concretó mediante la construcción e instalación de microcentrales hidroeléctricas comunitarias impulsadas por las propias comunidades con acompañamiento técnico y político de MadreSelva, un colectivo con más de 25 años de trabajo en los diferentes territorios y que apuesta por la defensa de los bienes naturales. 

Una de las primeras experiencias se gestó hace más de una década. La puesta en marcha del primer proyecto en la comunidad Unión 31 de Mayo marcó un procedente y demostró que el sueño de la soberanía energética podía ser posible. Y con el tiempo, el camino por la soberanía energética lo recorrieron otras comunidades: El Lirio Putul, La Taña y La Gloria.

Además, esta es una apuesta por la defensa de los territorios y los bienes naturales. A diferencia de los grandes proyectos hidroeléctricos, que requieren grandes embalses de agua y modifican de forma significativa el ecosistema del lugar, estas son iniciativas que funcionan a filo de agua.

Esto quiere decir, que para el funcionamiento de estas microcentrales hidroeléctricas únicamente se utiliza una parte del caudal del río, sin represarlo y devolviendo posteriormente el agua a su curso natural.

Cuando se habla de la propuesta de la soberanía energética, el objetivo no es otro que abastecer a las comunidades respetando y protegiendo los bienes naturales de las comunidades.

En la Zona Reina, toda esta experiencia representa una experiencia concreta para demostrar cómo las comunidades luchan por sostener la vida y fortalecer la organización comunitaria. “La luz que nace del pueblo no solo ilumina hogares, ilumina los caminos de la autonomía”.

“Para nosotros y nuestras comunidades esta es parte de la lucha por la defensa de los territorios y la vida. Cuidamos nuestro territorio y la luz nos beneficia a nosotros”, explica Regina Ramos, lideresa comunitaria.

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